Democracia 2.0

De pequeño me enseñaron en el colegio que, a lo largo de la historia, la humanidad ha usado diferentes formas de gobierno (teocracias, repúblicas, monarquías, sistemas feudales, dictaduras…) y que algunas de ellas sólo son factibles por la situación histórico-política del territorio en un momento dado. A pesar de que algunos de estos sistemas políticos están desfasados hace tiempo, y a nadie se le ocurriría que pudiera haber un sistema feudal o una teocracia en nuestros tiempos, Japón se deshizo de su sistema feudal hace menos de 150 años, y no es raro encontrar teocracias modernas, empezando por el Vaticano, o algunos países islámicos. Pero lo que tenía claro en aquella época, es que me había tocado vivir en la mejor forma de gobierno de todas: la democracia.

En la democracia -literalmente, el poder del pueblo, del griego “demos”(pueblo) y “kratos”(poder)- la toma de decisiones recae en los ciudadanos del estado mediante mecanismos de participación variados. Somos nosotros los que decidimos qué y cómo se deben hacer las cosas, y no una única persona como en una dictadura, o una religión como en las teocracias. Y parece que esa forma de gobierno es la más aceptada en la actualidad, sin más que ver la gran cantidad de gobiernos del mundo moderno que transitan hacia una democracia desde sistemas totalitarios.  Sin ir mas lejos, estamos inmersos actualmente en una ola democrática del mundo árabe, similar a la ocurrida en los países del telón de acero en 1989.

Democracia representativa

Sin embargo, la democracia a la que estamos acostumbrados en la actualidad, la representativa, no es la panacea universal. El problema que ha tenido históricamente la democracia directa, donde todo el pueblo delibera y toma las decisiones que le afectan, es que es impracticable para poblaciones medianamente grandes que todo el pueblo esté inmerso en todas y cada una de las decisiones, por lo que se optó por elegir representantes cada cierto tiempo para que les representaran en estos menesteres. En cuanto empecé a saber lo mínimo de política, pude comprobar que esto conlleva varios problemas, entre los que se encuentran la corrupción y la falta de representatividad -es prácticamente imposible que haya un partido político que represente de forma completa a la totalidad de sus electores. Siempre habrá algún tema que el partido político que te representa interprete de forma diferente a como lo harías tú-.

Tradicionalmente, en España, nos hemos acostumbrado a estos problemas y los hemos resuelto con un voto de castigo: cuando un partido político se ha pasado de la raya, nos hartamos y para darle un escarmiento votamos al otro partido mayoritario. Pero con esto sólo estamos consiguiendo que los políticos corruptos se vayan alternando entre uno y otro bando: se lo quitamos a unos para dárselo a los otros. ¿Y qué podemos a hacer, salvo dar el voto de castigo -se pregunta la gente- si nuestro sistema electoral, el sistema D’Hont, favorece al bipartidismo y nos impide que una minoría nos represente como nos gustaría?.

Las revoluciones, sin embargo, no ocurren solamente en los estados totalitarios. Cuando la crisis del 2008 asoló a Islandia y la dejó prácticamente en la bancarrota, retrasando en 10 años al país en calidad de vida, sus ciudadanos no se conformaron con la idea de que sus representantes los hubieran llevado a aquella situación, cambiaron de gobernantes y votaron masivamente en referéndum que no iban a asumir la deuda con los ahorradores extranjeros que los bancos habían contraído.

Democracia 2.0

En Internet se habla de la web 2.0 o dospuntocerismo para indicar el cambio entre las primeras páginas web estáticas -donde el contenido era suministrado por un proveedor y el usuario era un mero espectador-, a las nuevos sistemas sociales donde el contenido lo proporciona el usuario, que se transforma de esta forma en un colaborador activo. Es el internauta el que construye, con sus aportaciones y sus modificaciones, sitios como la Wikipedia, Flickr, Youtube o Facebook.

Y aquí es donde, gracias a las nuevas tecnologías -esas nuevas tecnologías que han ayudado a cristalizar  las revoluciones del mundo árabe-, podemos construir una verdadera democracia directa, una democracia 2.0 donde ciertamente el pueblo es el depositario del poder y no un mero instrumento para que los políticos accedan a él. Estamos en el momento propicio para iniciar otra revolución, un momento en el que disponemos de los medios, estamos lo suficientemente hartos de que los políticos hagan lo que les venga en gana en contra de aquellos ciudadanos que los eligieron, se plieguen a las presiones de lobbys económicos de otros países, se pasen por el forro el poder judicial cuando éste no hace lo que les interesa y se manejen a su antojo con el poder que les hemos concedido.

NOLESVOTES

A raíz de la aprobación de la llamada “Ley Sinde”, recientemente ha surgido la campaña No les votes, que pretende, no ya quitar el voto al partido en el poder y dárselo al otro mayoritario como se hace tradicionalmente, sino castigar a los partidos mayoritarios que aprobaron dicha ley -PP, PSOE, CiU- votando a otro partido distinto, para así hacer notar que la comunidad no está contenta con la gestión actual de muchas de las decisiones que están llevando a cabo el sistema político actual. Esa campaña no especifica a qué partido votar, dejándolo al criterio de cada uno, pero yo sí que voy a dar una opción: el Partido de Internet.

El objetivo del PdI es “dar voz a cada ciudadano en el proceso político”, permitiendo votar a todos los ciudadanos cada iniciativa que se proponga en las cortes generales, eliminado de esta forma la falta de representatividad que plaga la democracia tradicional. ¿Cada iniciativa? -pensarás-, puf, demasiado trabajo. No hay problema, porque el PdI implementa una democracia directa con delegación de voto, es decir, siempre tienes la posibilidad de votar cualquier iniciativa que te interese -como por ejemplo, la Ley Sinde, en caso de que el PdI hubiera estado representado en el congreso en esta legislatura-, pero para el resto puedes delegar tu voto en un partido político, una organización o incluso una persona de tu confianza. De esta forma, puedes hacer que en cuestiones medioambientales tu voto sea como el de Greenpeace, en las sociales como el del PSOE, en las internacionales como el PP y en cuestiones relacionadas con la propiedad intelectual votar lo que vote David Bravo.

Así que, no propongas, haz: en las próximas elecciones castiga a los políticos que abusan de su poder y pasan de ti. Usa tu poder como votante. Hagamos la revolución de la Democracia 2.0.

Como reza el lema de Anonymous:


Somos Anónimos.
Somos Legión.
No perdonamos.
No olvidamos.
¡Esperadnos!

 

 

 

2 thoughts on “Democracia 2.0

  1. Sí señor, muy bien escrito. Lástima que el @pdi no se presente a las municipales y autonómicas. Tendré que esperar a las próximas para votarles. Es decir, para votarme.

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